|
Eduardo Criscuolo, creador de “Esquina de la Memoria”
Los 80 años de un “histórico”
Cuando
a mediados de 1999 nos acercó su idea de escribir sobre los orígenes de
nuestros barrios, propuesta que rápidamente se convirtió en la sección “Esquina
de la Memoria”, este periódico apenas tenía tres meses de vida. Nada hacía
presumir por entonces que ese joven de 72 años se convertiría en uno de sus más
conspicuos colaboradores. Se trata de Eduardo Criscuolo, quien según el
almanaque cumplió 80 años el 16 de julio último aunque, de acuerdo con su
espíritu, no debe tener más de 20.
Historiador
de vocación, Criscuolo llegó hasta el tercer año de la carrera de Letras en la
Universidad de Buenos Aires (“tenía serias dificultades con el griego, más que
con el latín”, fundamenta), fue Secretario de Cultura de la Biblioteca Popular
“Cornelio Saavedra” (“una de las pocas que tiene completo el Diccionario
Universal Espasa Calpe”, aclara), dictó varias conferencias, colaboró en el
diario La Prensa,
codirigió la página literaria del diario El
Pueblo y fue miembro fundador y vicepresidente de la primera
Comisión Directiva de la Junta de Estudios Históricos de Coghlan. En 2001 editó el libro Bibliografía sobre la Ciudad de Buenos Aires. Contribuciones.
Tras
residir los primeros 27 años de su vida en el barrio de Palermo, Criscuolo
arribó a Saavedra en 1955. Durante muchos años vivió en Zapiola y Manzanares,
hasta que en 1973 se mudó a Jaramillo y Donado. En 1979 recibió una pésima
noticia: el intendente de facto Osvaldo Cacciatore cambió la traza
original de la autopista que atravesaría la zona -para no afectar a un convento
de monjas de clausura ubicado sobre la calle Machaín- y proyectó extenderla a
lo largo de Donado, desde la avenida Gral. Paz hasta Congreso. Conclusión: el
Gobierno le expropió su casa, de dos plantas y más de 100 metros cubiertos,
para convertirla en una montaña de escombros. Criscuolo se mudó a mediados de
1980 a un pequeñp departamento ubicado en Plaza y Nahuel Huapí, lo único que
pudo comprar con la indemnización. De esa manera se hizo vecino de Coghlan. “Es
un barrio señorial, que tiene una de las mejores cuadras de Buenos Aires:
Plaza, entre Rivera y Roosevelt”, definió alguna vez.
Compartimos
con todos los lectores el orgullo de tener un colaborador como Eduardo
Criscuolo y le agradecemos en público su contagioso entusiasmo, que
religiosamente se ocupa de acercarnos ante cada salida de El Barrio. Es en ese optimismo a
prueba de balas donde reside el secreto de su eterna juventud.
Marcelo Benini
|