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AÑO 6 · Nº 63 · JUNIO 2004

Personas & Personalidades

Cristina Del Valle

“Estoy esperando que alguien me llame para hacer una tira”

A un año de la pérdida de su tercer esposo -el actor Rubén Green- y de su hermana, Cristina del Valle nos recibió en su departamento de Villa Urquiza. Allí vive con su hijo Federico, de 29 años, fruto de su relación con Claudio Levrino. Todavía golpeada por las desgracias familiares, habla de su carrera artística y de su presente sin trabajo.

Por Javier Perpignan
jperpignan@periodicoelbarrio.com.ar

 

 

 

-¿Cuánto hace que vive en Villa Urquiza?

-Yo nací en Constitución, viví unos años allí y después me mudé a Floresta, en donde estuve tres años. Luego pasé a Caballito con mi hijo mayor y cuando volví a quedar embarazada me mudé a la torre de Roosevelt entre Bucarelli y Bauness, frente a la estación. Esto fue hace 29 años. Desde hace un año vivo en Miller y Monroe con Federico Levrino, mi segundo hijo, que es productor de televisión y trabaja con Susana Giménez.

-¿Qué tal se lleva con los vecinos?

-Mi relación es con los que vinieron a vivir en la misma época que yo. Por ejemplo Julia, Chela y el encargado, que me ha ayudado mucho desde que estoy sola. El resto de la gente fue yendo y viniendo.

-¿Cómo vive hoy?

-Paso el tiempo con mis tres sobrinos, que son como hijos para mí. Los sábados me junto a comer con ellos. Justamente esta semana vamos a ir al cine con Silvi, mi sobrina más chica, y mi cuñada Liliana Levrino. Con la familia Levrino me seguí tratando. Cuando falleció la mamá de Claudio yo le dije a ellos que se quedaran tranquilos, que ella iba a estar con su hijo como quería. Ahora descansan juntos en un nicho común. Así que yo tengo una buena relación con ellos, de hecho mis sobrinos le decían tío a Rubén.

-¿Y cómo era la relación de sus hijos con Rubén Green?

-El único padre que conoció Federico fue Rubén y mi hijo mayor, que ahora vive en Estados Unidos, lo quería muchísimo. Cuando se enteró del tipo de enfermedad que tenía se vino enseguida y se encargó de hacer todos los trámites. Mis hijos querían mucho a Rubén.

-¿Cómo empezó su carrera artística?

-Yo empecé en el Teatro Infantil Lavarden, después gané un concurso de belleza, donde buscaban a la más linda de los barrios para luego coronar a la Reina de Buenos Aires. Yo gané por Constitución Montserrat, llegué a la final y fui la Reina de Buenos Aires. Como había que viajar durante un año y estaba estudiando en el colegio me convencieron para que no dejara. “Abdiqué” en favor de la primera princesa y continué con mis estudios. Tenía 15 años. A los 16 tomé clases de teatro con Lydia Lamaison, junto a Luisina Brando, y cuando terminé el secundario entré al Conservatorio Nacional. Empecé a trabajar como modelo porque no te permitían ser actriz hasta que estuvieras en cuarto año. Hice una importante carrera como modelo, fui durante dos años consecutivos top, pasé por todas las marcas de bebidas colas. En uno de esos comerciales me vio Héctor Maselli y  me propuso trabajar en un programa de Canal 9 llamado “Hogar nueve hogar”. “Ando buscando una chica de 16, una de 12 y un muchacho de 20. El muchacho ya lo tengo, tiene un poquito más, pero da 20”, me comentó. Era Juan Carlos Altavista, una de las personas más maravillosas que conocí en mi vida. La otra era Coni Vera. Como modelo hice las primeras piernas desnudas para las medias Reina Cristina: estaba sentada en el suelo con las piernas para arriba, era una osadía para la época. Mi papá estaba verde.

-¿A quién puede mencionar como el que le brindó la oportunidad que buscaba?

-Al que le debo la entrada por la puerta grande al ambiente artístico es precisamente a un hombre de Villa Urquiza, ya fallecido: Jorge Beillard. El me conoció en la película Escala musical, con Osvaldo Miranda y Beatriz Taibo.

-Usted ha tenido éxitos rotundos en televisión...

-“Amar al ladrón”, con Claudio, fue un éxito enorme. La novela se pasaba a las once de la mañana y funcionaba bárbaro. Recorrimos todo el país haciendo la versión teatral. Luego con “Los hijos de López” di el gran salto a la cosa masiva. Después falleció Claudio y Hugo Moser me llamó para hacer en Canal 13 “Los hermanos Torterolo”. Los protagonistas eran Jorge Martínez y Jorge Barreiro y yo hacía un personaje que se llevaba a las patadas con un contador. Era Hugo Arana y a pedido del público la tira terminó con el casamiento entre él y yo. A fin del año siguiente tenía una propuesta para hacer teatro en el 11. Cuando iba para el canal me encontré con la esposa de Moser y me pidió que no firme, que esperara hasta la noche. Efectivamente, a la noche me llamó y me propuso trabajar en “Matrimonios y algo más”.

-¿Cómo era trabajar con Hugo Moser?

-Tenía un carácter muy fuerte, pero la verdad es que aprendí mucho a su lado. El otro día leí en una nota en Clarín que decía que “Los Roldán” están haciendo “El Groncho y La Dama” y que se necesitan cuatro autores para copiar mal al genial Hugo Moser. Además, si revisás la historia de Hugo te vas a encontrar con que todas sus comedias fueron brillantes pero sin capocómicos. El nunca trabajó con capocómicos, prefería a los actores. El más cómico que podés encontrar es Tincho Zabala. El decía que el actor le sacaba más partido a la comedia. Todos eran actores y después estaban las chicas lindas que hacían desnuditos para la época: en realidad ahora seríamos monjas. Yo puse de moda los body o baby doll.

-Mencionó a “Los Roldán”, un programa exitoso como los de Hugo Moser...

-Pero es un cachito de “Gasoleros” con “El groncho y la dama”, un poquito de “El sodero de mi vida” con “Son amores” y “Costumbres argentinas”, un buen batido y listo. Realmente la copia es alevosa. Una buena síntesis de la tele de los últimos años.

-¿Ahora en qué anda?

-Lo último que hice fue la temporada de verano en Carlos Paz con una obra llamada “Camarero con cama adentro”. Ahora estoy desocupada, recibo alguna propuesta pero son todas estupideces. A mí no me interesa ir por tres o cuatro capítulos, como hace Arturo Bonín. No le puede servir para mostrarse. Ellos saben muy bien quién soy yo. Estoy esperando que alguien me llame para hacer algo: quiero hacer una tira. De abuela, de madre, no importa, pero no por cuatro capítulos.

 
 
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