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Editorial

Sin luz al final del túnel

La expectativa que en los últimos años los vecinos de Villa Urquiza tenían acerca de la inminente llegada del subte a la esquina de Triunvirato y Monroe, anunciada con bombos y platillos hace una década, se desinfla como un globo ante cada semana que transcurre sin noticias. Ocurre que en lo que va del año las obras parecen estar detenidas, lejos del intenso movimiento que mostraron entre 2005 y 2007.

No se trata sólo de una ilusión óptica: hace pocos meses el ingeniero Jorge Irigoin, presidente de Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE), reconoció públicamente que “el avance del plan de extensión de la red dependerá de la plata que la Ciudad consiga a través de organismos de créditos multilaterales, del Gobierno Nacional o de financiadores privados”. Trascendió entonces que, con viento de cola, la llegada del subte a Villa Urquiza se produciría a fines de 2010. Para cimentar esta hipótesis, el último informe de la obra subido a la página de Internet de SBASE data de enero de este año, cuando esos reportes eran mensuales y se venían publicando desde mayo de 2005 sin interrupción. Según la descripción técnica y las fotografías exhibidas en la web oficial, las obras muestran un nivel de atraso considerable. Sumado a que todavía está pendiente la licitación de casi un kilómetro de túnel para la cola de maniobras, no creemos que la llegada del subte al barrio sea posible antes de 2011.

La demora en la ejecución de las obras de extensión de la Línea B a Villa Urquiza, iniciada a mediados de 1999, amenaza con repetir la experiencia de la prolongación de la Línea D hasta Belgrano. Recordemos que desde la habilitación parcial de la Estación Carranza en 1987 hasta la inauguración de Congreso de Tucumán, en 2000, pasaron nada menos que trece años. Tras la apertura del primer tramo (Federico Lacroze-Los Incas), producido en agosto de 2003, la segunda etapa comenzó el 19 de noviembre de 2004 y tenía por contrato una duración inicial de 39 meses que luego se extendió a 44, los cuales vencieron en febrero de este año. Es decir, la obra civil debió estar concluida el mes pasado.

Pero los plazos originales, cuando se anunció esta ampliación hace una década, era que las estaciones Tronador y Los Incas estuvieran listas hacia 2001 y que durante el primer trimestre de 2003 se inauguraran Echeverría y Villa Urquiza (o Juan Manuel de Rosas, según determinó la Legislatura porteña). Más cerca en el tiempo, la habilitación del servicio se prometió primero para 2008, luego para 2009 y finalmente para el último trimestre de 2010. Como las proyecciones iniciales lejos estuvieron de cumplirse, es difícil ilusionarse con la culminación de las obras en esta última fecha. La moraleja es que nuestro país en general y la Ciudad de Buenos Aires en particular adolecen de políticas de Estado que sobrevivan a los funcionarios y a las crisis económicas de turno. Históricamente, las obras de subte han sido el mejor ejemplo.

Era tal el optimismo que reinaba en 2000 que Alejandro Nazar Anchorena, por entonces presidente de (SBASE), sugería que en cuatro o cinco años la Línea B podría ser llevada hasta el Parque Sarmiento. “En esa zona podría crearse una estación de transferencia con una gran playa de estacionamiento para que los automovilistas que vienen de la zona norte del conurbano dejen sus vehículos allí e ingresen a la Capital en subterráneo. De este modo, entre 15 y 20 mil vehículos dejarían de circular por la ciudad”, fantaseaba el funcionario. Ocho años después, los 1.600 metros de túnel que separan Los Incas de Monroe continúan sin luz a la vista.

 

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