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Mosaicos porteños

Por Luis Alposta
luisalposta@fibertel.com.ar

Acerca de la alienación

La locura, como el clima, también ha tenido sus cambios. Ahora, y desde hace ya bastante tiempo, todo lo referente a sus factores desencadenantes parece estar en manos del Estado, el que ha pasado a ser el principal generador de conductas paranoicas, cuadros depresivos, infartos de miocardio y suicidios. Un Estado que -entre el vertiginoso ritmo de vida que actualmente exigen a sus habitantes las grandes ciudades, en las que cada vez son más los que hablan solos y donde la locura continúa serpenteando entre lo cotidiano- cree poder conjurarla eficientemente dándole el nombre de alienación.

Y la alienación no es más que la locura de la que todos formamos parte, mientras buscamos convencernos de que los auténticos locos siguen siendo los otros. Sobre todo, aquellos que piensan que ya llegará el día en que al Estado se le podrá iniciar un juicio por mala praxis. Prácticamente, ya no existe loco alguno que se crea Napoleón. En cambio, salud, seguridad y educación privadas mediante, cada vez son más los que pueden llegar a sentirse identificados con Luis XIV y decir: ¡El Estado soy Yo!

 

Acerca de la vejez

El mamífero humano es el que muestra más cambios espectaculares en la vejez. Con ella van apareciendo modificaciones físicas, morfológicas, estructurales, funcionales y bioquímicas. El filólogo Roque Barcia decía: “Viejo se refiere a la edad. Anciano a cualidades del espíritu. El viejo tiene achaques; el anciano, experiencia. El viejo es gruñón, egoísta, excéntrico. El anciano es discreto, prudente, resignado. El viejo es censor de la juventud. El anciano es guía. Así decimos: las canas venerables del anciano, no del viejo. La vejez se teme. La ancianidad se respeta. Las Sagradas Escrituras hablan de consejos de ancianos, no de viejos”.

A nadie le gusta que lo llamen viejo, dado que viejos son los trapos. Ramón Gómez de La Serna solía decir que el viejo que se resiste a envejecer en vez de llegar a viejo llega a vieja. Y un amigo mío, que se pasaba el día en el café jugando a los dados, una noche nos sorprendió con esta reflexión: el hombre comienza a envejecer cuando pide que le tachen la generala.

Al viejo se lo suele descalificar tempranamente llamándolo jovato, pudiendo pasar a ser, colesterol mediante, un viejo choto, un viejo chocho, un viejo gagá o, en el mejor de los casos, un viejo verde. Y en este punto, sin pensar en paradojas, recordemos que, entre nosotros, esas mismas palabras, viejo y vieja, son las que adquieren una gran carga afectiva cuando con ellas nos referimos a nuestros padres. ¡Cosas del idioma!

 

Acerca de dos tangos con Pugliese

Se viene el Dos Mil y Hoy por hoy son dos tangos compuestos por Osvaldo Pugliese a fines de los 80. Mi colaboración en estos dos temas surgió de un encuentro ocasional con el maestro Pugliese en el café que está ubicado en la esquina de Díaz Vélez y Campichuelo, café en el que recaló una mañana, en compañía de su esposa, después de una de sus habituales caminatas. Yo solía ir seguido a ese lugar, dado que el Sanatorio en el que trabajaba estaba a media cuadra. El me conocía por el tango El jubilado, que once años atrás había grabado con la voz de Abel Córdoba.

Aquella mañana, y esto fue a fines del año 87, me propuso que le pusiera letra a un tango suyo. Pocos días después concurrí a su casa y nos pusimos a trabajar. Cuando estuvo terminado, lo enviamos a un concurso que se hacía en Córdoba y lo firmamos con seudónimos. El, sin duda en homenaje al barrio, utilizó el de Pedro Crespo. En ese concurso... ¡no figuramos ni a los premios! Pensábamos editarlo, tanto es así que nos fotografiamos juntos para ilustrar la carátula de la partitura: los dos en su balcón, que daba a la calle Corrientes, señalando hacia el mercado de Abasto, como viendo venir el 2000. Era la idea.

Después el tiempo fue pasando y fue quedando sin editar. Es que no teníamos ningún apuro. El 3 de junio de 1988 el cantor Eduardo Fratta lo estrenó en la Bodega del Café Tortoni. En esos días Pugliese me invitó a escuchar otro de sus tangos para que, también, le pusiese letra. Lo hice. Y así nació Hoy por hoy, tango que grabó Beba Pugliese, con Darío Vitale en el canto, en 1999.

 

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