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Mosaicos porteños
Acerca de la alienación
La
locura, como el clima, también ha tenido sus cambios. Ahora, y desde hace ya
bastante tiempo, todo lo referente a sus factores desencadenantes parece estar
en manos del Estado, el que ha pasado a ser el principal generador de conductas
paranoicas, cuadros depresivos, infartos de miocardio y suicidios. Un Estado
que -entre el vertiginoso ritmo de vida que actualmente exigen a sus habitantes
las grandes ciudades, en las que cada vez son más los que hablan solos y donde
la locura continúa serpenteando entre lo cotidiano- cree poder conjurarla eficientemente
dándole el nombre de alienación.
Y
la alienación no es más que la locura de la que todos formamos parte, mientras
buscamos convencernos de que los auténticos locos siguen siendo los otros.
Sobre todo, aquellos que piensan que ya llegará el día en que al Estado se le
podrá iniciar un juicio por mala praxis. Prácticamente, ya no existe loco
alguno que se crea Napoleón. En cambio, salud, seguridad y educación
privadas mediante, cada vez son más los que pueden llegar a sentirse
identificados con Luis XIV y decir: ¡El Estado soy Yo!
Acerca de la vejez
El
mamífero humano es el que muestra más cambios espectaculares en la vejez. Con
ella van apareciendo modificaciones físicas, morfológicas, estructurales,
funcionales y bioquímicas. El filólogo Roque Barcia decía: “Viejo se
refiere a la edad. Anciano a cualidades del espíritu. El viejo tiene achaques;
el anciano, experiencia. El viejo es gruñón, egoísta, excéntrico. El anciano es
discreto, prudente, resignado. El viejo es censor de la juventud. El anciano es
guía. Así decimos: las canas venerables del anciano, no del viejo. La vejez se
teme. La ancianidad se respeta. Las Sagradas Escrituras hablan de consejos de
ancianos, no de viejos”.
A
nadie le gusta que lo llamen viejo, dado que viejos son los trapos. Ramón
Gómez de La Serna solía decir que el viejo que se resiste a envejecer en
vez de llegar a viejo llega a vieja. Y un amigo mío, que se pasaba el día en el
café jugando a los dados, una noche nos sorprendió con esta reflexión: el
hombre comienza a envejecer cuando pide que le tachen la generala.
Al
viejo se lo suele descalificar tempranamente llamándolo jovato, pudiendo
pasar a ser, colesterol mediante, un viejo choto, un viejo chocho, un viejo
gagá o, en el mejor de los casos, un viejo verde. Y en este punto, sin pensar
en paradojas, recordemos que, entre nosotros, esas mismas palabras, viejo y
vieja, son las que adquieren una gran carga afectiva cuando con ellas nos
referimos a nuestros padres. ¡Cosas del idioma!
Acerca de dos tangos con Pugliese
Se
viene el Dos Mil y Hoy por hoy son dos tangos compuestos por Osvaldo
Pugliese a fines de los 80. Mi colaboración en estos dos temas surgió de un
encuentro ocasional con el maestro Pugliese en el café que está ubicado en la
esquina de Díaz Vélez y Campichuelo, café en el que recaló una mañana, en
compañía de su esposa, después de una de sus habituales caminatas. Yo solía ir
seguido a ese lugar, dado que el Sanatorio en el que trabajaba estaba a media
cuadra. El me conocía por el tango El jubilado, que once años
atrás había grabado con la voz de Abel Córdoba.
Aquella
mañana, y esto fue a fines del año 87, me propuso que le pusiera letra a un
tango suyo. Pocos días después concurrí a su casa y nos pusimos a trabajar.
Cuando estuvo terminado, lo enviamos a un concurso que se hacía en Córdoba y lo
firmamos con seudónimos. El, sin duda en homenaje al barrio, utilizó el de Pedro
Crespo. En ese concurso... ¡no figuramos ni a los premios! Pensábamos
editarlo, tanto es así que nos fotografiamos juntos para ilustrar la carátula
de la partitura: los dos en su balcón, que daba a la calle Corrientes,
señalando hacia el mercado de Abasto, como viendo venir el 2000. Era la idea.
Después
el tiempo fue pasando y fue quedando sin editar. Es que no teníamos ningún
apuro. El 3 de junio de 1988 el cantor Eduardo Fratta lo estrenó en la
Bodega del Café Tortoni. En esos días Pugliese me invitó a escuchar otro de sus
tangos para que, también, le pusiese letra. Lo hice. Y así nació Hoy por hoy,
tango que grabó Beba Pugliese, con Darío Vitale en el canto, en
1999.
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