SECRETOS
DEL GASOMETRO
Desde
hace más de medio siglo, el monumental gasómetro de las avenidas
Gral. Paz y Constituyentes representa un misterio para los habitantes
del barrio. Se encuentra en el interior del Centro Operativo San
Martín, hoy perteneciente a la empresa Gas Natural BAN. Con sus
ochenta y cinco metros de altura y cincuenta de diámetro, era parte
de una fábrica de gas de carbón y coque que proveía combustible
para, principalmente, iluminar las casas y las calles por medio
de los antiguos faroles.
Por
Adrián Alauzis
No
hay construcción de la zona tan grande y llena de misterios como
el gasómetro ubicado en la intersección de las avenidas De los Constituyentes
y Gral. Paz. Tampoco quien lo haya visto sin que en su mente surja
una idea terrible: ¿podría llegar a explotar? Además, ¿quién no
se preguntó qué hay adentro? El mayor problema para despejar esas
incógnitas residía en que casi no existen referencias históricas:
no las hay en la empresa que lo administra en la actualidad, ni
en la biblioteca del Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS),
ni en el Archivo General de la Nación (lo cual ya es mucho decir).
Esa carencia de información nos impulsó a develar esos misterios
y decidimos hacer un viaje al interior del tanque... y un poco más.
Nos contactamos con Gas Natural BAN (Buenos Aires Norte), a cuya
Gerencia Técnica pertenece el Centro Operativo San Martín donde
se encuentra el gasómetro. La cita incluía una charla con dos empleados
de la empresa, con treinta años de trayectoria (más de veinte en
Gas del Estado), y una visita a la inmensa estructura de acero.
Toda una aventura.
El
tanque visto por dentro
El
primer deseo fue conocer las entrañas del gasómetro. No es como
uno lo imagina: un gran disco metálico de color amarillo hace las
veces de techo a pocos metros de altura y no permite observar hacia
arriba. Una desilusión. Sin embargo, por un pequeño recorte cuadrado
se alcanza a ver, en forma parcial y velada, el interior del cilindro:
una extraña y oscura visión de la carcaza hueca de 85 metros de
altura. El tanque se mantiene en pie porque resultaría más costoso
desguazarlo que conservarlo; incluso pintar su exterior de más de
13.000 metros cuadrados exigiría una gran inversión. Hoy sólo se
aprovecha la parte baja como estacionamiento. Cuando funcionaba
no estaba vacío, sino que incluía dentro un segundo tanque; lo que
vemos desde afuera es apenas una cubierta. En la base había una
gran pileta con agua, donde descansaba el segundo tanque como un
gran vaso invertido sobre un plato sopero con agua. Ese vaso recibía el gas y su presión elevaba el tanque interior. Ese movimiento
de ascenso y descenso era posible gracias a unos rodillos guía apoyados
sobre las paredes interiores del gasómetro. Esa era su principal
función; además de servir de protección, mantenía estable el tanque
interior.
En
la cumbre
Satisfechas
nuestras primeras inquietudes, era hora de conocerlo desde arriba.
El ascenso fue por medio de un antiguo pero operativo ascensor.
Lento y muy oscuro. Desde la base hasta el techo no hay una sola
abertura en las paredes de hormigón que constituyen el foso. Era
mejor no pensar que sucedería si se detenía en el camino, ya que
no había por donde salir excepto por la ventana del techo de la
cabina, que nos mostraba una tenue luz en las alturas. Esa luz venía
de la puerta de salida, en la azotea del gasómetro. Afuera hacía
mucho frío. A la izquierda del ascensor había un tosco y antiguo
teléfono a manivela. Oxidado y construido sin mezquinar metal, servía
para conectarse al menos con la base. Salimos de esa sala intermedia
al techo mismo del tanque. Al caminar por las chapas de acero, éstas
se doblaban un poco produciendo un fuerte sonido, hueco y grave.
No resultaba demasiado tranquilizador desplazarse en esas condiciones,
al menos hasta acostumbrarse.
La
superficie de la terraza es de aproximadamente 2.000 metros cuadrados,
ya que el diámetro del cilindro es de 50 metros. La monumental construcción,
de chapas de acero remachadas, se puede ver desde más de un kilómetro
a la redonda. Y no es menos lo que se aprecia desde allá arriba.
La avenida Crisólogo Larralde se pierde hasta convertirse en un
pequeño hilo que conduce hasta el anaranjado Río de la Plata. Dicen
que en días despejados se alcanza a divisar las costas uruguayas,
pero la tarde era gris y las nubes se confundían con el río. Girando
hacia la derecha aparece, bien visible, la torre de Parque de la
Ciudad. El edificio de Phillips, la Clínica Saint Emilien y el Parque
Sarmiento son también parte del paisaje que se ve rodeando la intimidante
barandilla de la periferia. A esa hora el sol salpicaba la ciudad
y por momentos pintaba un resplandor dorado en el río. Nuestros
guías fueron Jorge Oviedo y Saturnino Laspiur,
integrantes de la Gerencia de Compras de Gas Natural BAN. Ellos
nos acompañaron en el paseo y nos contaron algunas de las pocas
cosas que se saben del gasómetro. Estuvieron con nosotros incluso
allá arriba.
Una
fábrica de gas
En
1888 Buenos Aires tenía 8.239 faroles, de los cuales 5.079 funcionaban
con gas. La producción de gas en ese entonces superaba los quince
millones de metros cúbicos. En Argentina la revolución del gas comienza
en Buenos Aires cuando, en 1851, la empresa Federico Jaunet y Hermano
instala un pequeño gasómetro junto a la catedral y tiende cañerías
hasta la vecina Plaza de la Victoria, para iluminar la Pirámide,
el 25 de mayo de 1852. El gas que suministraban los hermanos Jaunet
era de carbón de piedra y su economía fue un factor clave para su
desarrollo. Treinta y seis metros cúbicos de gas equiparaban la
iluminación de treinta y cinco kilogramos de aceite. Pero esa cantidad
de aceite costaba entonces 136 pesos, mientras que el gas sólo 10.
Podemos recordar que la gran araña central del Teatro Colón estaba
compuesta por cuatrocientas cincuenta luminarias de gas y que encenderlas
requería hasta media hora.
Según
pudimos reconstruir, el gasómetro fue instalado a mediados de la
década del ’40 y no era un simple almacén de gas: era una fábrica.
Al costado del tanque están, aún hoy, las instalaciones que hace
más de medio siglo permitían generar este preciado combustible.
Se usaban como materia prima el carbón y el coque. La presión de
almacenaje era apenas un poco mayor a la presión atmosférica; por
ejemplo, si a la presión atmosférica le asignamos un valor de uno, el gas estaba a una presión de 1,02.
Como se ve, el gasómetro no resultaba algo tan amenazante como uno
se imagina por su tamaño. El gas producido se usaba principalmente
para la iluminación de faroles.
Descenso
a pie
Luego
de visitar la campana central de la azotea, donde se emplaza la
elevada torre de comunicación (y revolotean las palomas), decidimos
bajar. Dejamos atrás las luces rojas que regularmente se encienden
y apagan advirtiendo a los aeronavegantes del obstáculo que tienen
delante. Bajamos por la escalera caracol que está a un lado del
cilindro: una vieja estructura de metal oxidado y de chapas con
perforaciones circulares que permiten ver el abismo bajo nuestros
pies. Rodeando el tanque hay cuatro pasarelas de metal cada aproximadamente
veinte metros. Ya en tierra, la estructura no resulta menos imponente
con su volumen de casi 167 mil metros cúbicos. Baste decir que si
se llenara ese tanque con agua necesitaríamos ciento sesenta y siete
millones de litros, cantidad suficiente para llenar una pileta cuadrada
de cuatro manzanas de lado y un metro de profundidad. A uno de los
lados del tanque aún existe una vieja escala métrica: los números
van del uno al quince, pero no hay inscripciones que indiquen qué
unidades medían.
Así
es el gasómetro: lleno de misterios, con escasas referencias históricas.
Para 1910 ya había en Buenos Aires doce gasómetros y en 1912 se
puso en funcionamiento el de Malabia al 1800, el más grande de la
época. Referencias genéricas a esta clase de construcciones hay
muchas, pero a éste gasómetro en particular muy pocas. Está vacío
y no parecen existir intenciones de desarmarlo, así que podemos
seguir disfrutando de esta especie de monumento
histórico que recuerda otras épocas y otras tecnologías.
Como
registró un periódico de fines del siglo pasado: “El gasómetro,
como popularmente fue designada la fábrica de gas (de Retiro), fue
un jubileo de visitantes desde el día en que comenzó a prestar servicios...
Mucha gente del pueblo no comprendía cómo dándose vuelta a una llavecita
del tubo o pico y encendiéndose un fósforo de palo podía obtenerse
una luz clara como el día”.
Agradecemos
a las autoridades de Gas Natural BAN por las facilidades brindadas
para la producción de esta nota.
UN
ESTRATEGICO ESPACIO DE PUBLICIDAD
Gas
Natural BAN S.A. distribuye gas natural en 30 partidos del norte
y oeste de la provincia de Buenos Aires linderos a la Capital Federal.
Más de 1.100.000 hogares, 1070 industrias y 150 estaciones de Gas
Natural Comprimido (GNC) reciben el servicio de la compañía en una
zona de 15.000 kilómetros cuadrados. Recientemente la empresa ha
decidido comercializar como espacios de publicidad distintas superficies
e instalaciones ubicadas en edificios e infraestructuras de su propiedad,
entre ellos el gasómetro de Av. Gral. Paz y Av. De los Constituyentes.
Este inmenso tanque de acero, que constituye el principal punto
de referencia de la zona, fue construido hace más de medio siglo
para el almacenamiento de gas. Gracias a sus 85 metros de altura
y 50 metros de diámetro, es visible desde más de 1.000 metros a
la redonda. Gas Natural BAN ofrece su estructura externa a fin de
que agencias de publicidad y empresas puedan exhibir sus marcas
o productos.