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Nota de Tapa
A 26 años del secuestro y muerte del sacerdote Pablo Gazzarri
En el nombre del Padre
El 27 de noviembre de 1976 Pablo Gazzarri, sacerdote de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, fue detenido por fuerzas policiales y torturado en la Escuela de Mecánica de la Armada. En enero de 1977, cuando tenía apenas 32 años, fue subido a un “vuelo de la muerte”. Esta es la trágica historia de un cura comprometido con los pobres.
| Por Marcelo Benini y Daniel Barbiero |
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El
27 de noviembre de 1976 Pablo Gazzarri, sacerdote de la Parroquia Nuestra
Señora del Carmen, fue detenido por fuerzas policiales y torturado en la Escuela
de Mecánica de la Armada. En enero de 1977, cuando tenía apenas 32 años, fue
subido a un “vuelo de la muerte”. Esta es la trágica historia de un cura comprometido
con los pobres.
Por
Marcelo Benini
Lo
reconocemos: no se trata ésta de una típica nota de verano. La frivolidad,
el pasatiempo y el chisme, tan propios de esta época, han quedado reservados
para otra ocasión. No sentimos ganas de relajarnos en una fecha tan dolorosa
para la comunidad de Villa Urquiza, ya que en noviembre se conmemoró el 26º
aniversario de la desaparición del sacerdote Pablo
María Gazzarri y este mes se cumplen la misma cantidad de años de su traslado
en un “vuelo de la muerte”. El supuesto carácter refrescante de una edición
de enero no hubiera sido sostenible omitiendo el homenaje que la Legislatura
de la Ciudad de Buenos Aires -a través del diputado Luis García Conde (ARI)- le dedicó al Padre Pablo “como una forma
de reintegrar a la memoria colectiva la figura de quien dedicó su vida a defender
a los más desamparados”. El 27 de noviembre se colocó una placa recordatoria
en la Plaza Esteban Echeverría, cercana a la Parroquia Nuestra Señora del
Carmen, donde era sacerdote. “En homenaje
al sacerdote Pablo María Gazzarri (19/09/1944 Detenido-Desaparecido el 27/11/1976).
Por su obra en favor de los más humildes”, dice el texto grabado a fuego
sobre el metal.
Profunda
vocación social
A
través del cuadernillo Villa Urquiza
“Silencio y Memoria”. Pablo María Gazzarri. Testimonios sobre su vida, secuestro
y muerte, escrito por María Rosa Lazarte y Mariel Fernández con la coordinación del
diputado Luis García Conde, conocimos la historia de este mártir y nos permitimos
tomar algunos de sus párrafos para compartirla con nuestros lectores. Hijo
de María Zulema Truffa y Silio
Mario Enrique Gazzarri, Pablo nació el 19 de setiembre de 1944 en la Capital
Federal. Era el segundo de cuatro hermanos (Luis,
Juan y María del Carmen) y vivía con su familia en el barrio de Caballito.
Influido por el espíritu hogareño ingresó muy joven, con apenas 12 años, al
Seminario Menor de Villa Devoto. Allí se destacó tanto por su aplicación al
estudio e inteligencia como por el ingenio y practicidad para resolver los
problemas cotidianos. “Pablo tenía una visión religiosa, pero además una visión
política. Por ejemplo: la Iglesia hace su opción por los pobres y muchos curas
laburan socialmente por ellos, pero políticamente no hay tantos. Pablo era
igual que Carlos Mugica, eran tipos
que si bien hacían esta opción por los pobres desde lo social también querían
el cambio político”, cuenta Sandra
Di Tomaso, integrante del grupo de laicos de la Parroquia Nuestra Señora
del Carmen.
Pablo
se ordenó como sacerdote el 27 de noviembre de 1971 e inició su labor en la
Parroquia Santa Rosa de Lima, en el barrio de Once. Madurada la opción por
los pobres, que había comenzado a germinar en los últimos años de estudio
en el Seminario de Villa Devoto, se vinculó con jóvenes que luchaban políticamente
contra la dictadura militar de entonces. “Mis padres le decían: ‘Cuidado,
el camino por donde vas es peligroso’. Era un momento complicado... El les
contestaba que entendía que ése era el camino que tenía que seguir, porque
ésa es la forma de creer en Dios”, señala su hermano Luis. En 1974 Pablo dejó
Santa Rosa de Lima e inició su acción pastoral en la Parroquia Nuestra Señora
del Carmen. Crecientemente comprometido con la realidad política y social,
se enroló en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) y en
Cristianos para la Liberación (CPL). A partir del asesinato del Padre Carlos
Mugica por la organización parapolicial de derecha Alianza Anticomunista Argentina
(AAA), muchos laicos, monjas, sacerdotes y obispos comenzaron a ser amenazados
y perseguidos por su lucha a favor de los pobres. Sin embargo, Pablo continuó
con sus reuniones y debates en la parroquia, donde se reunían grupos de jóvenes
y se proyectaban películas documentales.
El
peor final
Tras
el golpe militar de 1976, la persecución sobre los sacerdotes comprometidos
fue abierta. Decenas de ellos fueron asesinados (los Padres Palotinos de San
Patricio, Carlos Mugica, Enrique Angelelli)
y muchos otros desaparecieron, que es decir lo mismo. “Pablo era muy conciente
de que en cualquier momento lo ‘chupaban’ -afirma Luis-. Mis padres estaban
asustados. El les había anticipado que a todo el que tenía un contacto con
la guerrilla seguro que lo iban a liquidar”. Meses antes de ser secuestrado
había resuelto incorporarse a La Fraternidad de los Hermanos del Evangelio.
“Pablo ya había hecho una etapa de su vida y quería buscar una profundización
religiosa en contacto con otra gente que también estaba en camino de búsqueda.
Ya no estaba tan interesado en la cosa parroquial”, explica Patrick Rice, compañero de Pablo en La Fraternidad del Evangelio.
El 27 de noviembre de 1976, quinto aniversario de su ordenación sacerdotal,
Pablo estacionó el Ford Falcon de su padre frente al domicilio de la familia,
en la calle Cachimayo 293, esquina Hualfin. Un grupo de hombres se lanzó sobre
él, lo redujo e introdujo nuevamente en el auto. Partieron con el sacerdote
secuestrado en el asiento trasero. Tenía sólo 32 años.
Pablo
fue visto por última vez en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y,
según el testimonio de uno de los sobrevivientes, habría sido arrojado desde
un avión en un “vuelo de la muerte” en enero de 1977. “Para la Navidad del
76, mientras a un grupo de prisioneros nos atormentaba un capellán de la Armada
sobre la necesidad de arrepentirnos y apoyar la cruzada contra el comunismo
internacional, Pablo daba ánimo a los torturados para resistir y seguir luchando
por los más pobres y humildes. Lo recuerdo tirado en el piso de la celda arriesgándose
a hablar con quien tenía a su lado o incluso intercediendo ante la guardia
para que le dieran agua o comida a alguno que no tenía voz o voluntad para
pedirla. Una noche o un día cualquiera se lo llevaron y no lo vi ni sentí
su presencia física nunca más. Me quedó sólo un ejemplo de dignidad y solidaridad,
que alimenta hoy la esperanza por seguir resistiendo hasta que otro mundo
sea posible”, cuenta Raúl Cubas,
sobreviviente de la ESMA.
Emotivo
homenaje
Altos
dignatarios de la Iglesia, representantes de organismos de derechos humanos,
dirigentes políticos, vecinos y familiares se unieron en el acto que la Legislatura
porteña realizó en memoria del Padre Pablo Gazzarri al cumplirse 26 años de
su desaparición forzada. En el homenaje, de fuerte contenido emotivo, estuvieron
presentes, entre otros, el vicario general de la Arquidiócesis de Buenos Aires,
monseñor Joaquín Sucunza, quien
asistió en representación del cardenal Jorge
Bergoglio; Patrick Rice, de
La Fraternidad Charles de Foucauld; el Padre Domingo
Bresci, párroco de San Juan El Precursor; Martha Pelloni, madre superiora de la Congregación Carmelitas Misioneras
Teresianas; Aurora Zucco de Belloschio,
integrante de Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora; y el diputado Luis
García Conde (ARI), promotor de la iniciativa.
“El silencio se impuso durante largos años,
pero el grano de trigo tenía que brotar en algún momento, que es hoy, en este
homenaje”, dijo conmovido Patrick Rice, quien aseguró que “el dolor no ha
sido inútil: cristianos y sacerdotes valientes, como el Padre Pablo Gazzarri,
son hoy en día ejemplos imprescindibles para convocar a la juventud argentina
al verdadero compromiso con la justicia, la dignidad y la liberación del pueblo”.
En el mismo sentido, Sandra Di Tomaso apeló a la “necesidad de hacernos cargo
de nuestros muertos, retomando sus banderas: la generosidad, la paz y la solidaridad”.
Antes de descubrir la placa en memoria del Padre Pablo, el diputado porteño
Luis García Conde cerró la conmemoración, a la que definió como “un acto de
memoria colectiva en favor de la paz y en la dirección de la reconstrucción
del diálogo entre todos los sectores sociales y políticos”. Al finalizar el
homenaje, monseñor Jorge Lozano,
obispo auxiliar de Buenos Aires, y el Padre Boris Turel, párroco de Nuestra Señora del Carmen, oficiaron una misa
en memoria del sacerdote.
El recuerdo del Padre Boris
El
Padre Boris Turel, actual párroco de Nuestra
Señora del Carmen, recuerda a Pablo Gazzarri. “Yo lo conocí a Pablito estando
en la Parroquia Resurrección del Señor, de Dorrego y Corrientes, mientras
que él era Vicario en la de San Bernardo, de Gurruchaga y Murillo. Yo recibía
a algunos chicos allegados a él que tenían que mudarse a diario para preservar
sus vidas, los tenía con otros nombres y apellidos. Era una forma de colaborar
con Pablo. Lo recuerdo siempre contento... Yo llegué en 1977 a Villa Urquiza,
cuando él y tres chicas de la Parroquia ya habían desaparecido. Fue una época
muy difícil, en la que todos estábamos jugados”.
Agradecemos
a Tesy de Biase, asesora del diputado Luis García Conde, por la colaboración
facilitada para la producción de esta nota.
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