AÑO 4 · Nº 46 · ENERO 2003

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Nota de Tapa

A 26 años del secuestro y muerte del sacerdote Pablo Gazzarri

En el nombre del Padre

El 27 de noviembre de 1976 Pablo Gazzarri, sacerdote de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, fue detenido por fuerzas policiales y torturado en la Escuela de Mecánica de la Armada. En enero de 1977, cuando tenía apenas 32 años, fue subido a un “vuelo de la muerte”. Esta es la trágica historia de un cura comprometido con los pobres.

Por Marcelo Benini y Daniel Barbiero

El 27 de noviembre de 1976 Pablo Gazzarri, sacerdote de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, fue detenido por fuerzas policiales y torturado en la Escuela de Mecánica de la Armada. En enero de 1977, cuando tenía apenas 32 años, fue subido a un “vuelo de la muerte”. Esta es la trágica historia de un cura comprometido con los pobres.

Por Marcelo Benini

Lo reconocemos: no se trata ésta de una típica nota de verano. La frivolidad, el pasatiempo y el chisme, tan propios de esta época, han quedado reservados para otra ocasión. No sentimos ganas de relajarnos en una fecha tan dolorosa para la comunidad de Villa Urquiza, ya que en noviembre se conmemoró el 26º aniversario de la desaparición del sacerdote Pablo María Gazzarri y este mes se cumplen la misma cantidad de años de su traslado en un “vuelo de la muerte”. El supuesto carácter refrescante de una edición de enero no hubiera sido sostenible omitiendo el homenaje que la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires -a través del diputado Luis García Conde (ARI)- le dedicó al Padre Pablo “como una forma de reintegrar a la memoria colectiva la figura de quien dedicó su vida a defender a los más desamparados”. El 27 de noviembre se colocó una placa recordatoria en la Plaza Esteban Echeverría, cercana a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, donde era sacerdote. “En homenaje al sacerdote Pablo María Gazzarri (19/09/1944 Detenido-Desaparecido el 27/11/1976). Por su obra en favor de los más humildes”, dice el texto grabado a fuego sobre el metal.

Profunda vocación social

A través del cuadernillo Villa Urquiza “Silencio y Memoria”. Pablo María Gazzarri. Testimonios sobre su vida, secuestro y muerte, escrito por María Rosa Lazarte y Mariel Fernández con la coordinación del diputado Luis García Conde, conocimos la historia de este mártir y nos permitimos tomar algunos de sus párrafos para compartirla con nuestros lectores. Hijo de María Zulema Truffa y Silio Mario Enrique Gazzarri, Pablo nació el 19 de setiembre de 1944 en la Capital Federal. Era el segundo de cuatro hermanos (Luis, Juan y María del Carmen) y vivía con su familia en el barrio de Caballito. Influido por el espíritu hogareño ingresó muy joven, con apenas 12 años, al Seminario Menor de Villa Devoto. Allí se destacó tanto por su aplicación al estudio e inteligencia como por el ingenio y practicidad para resolver los problemas cotidianos. “Pablo tenía una visión religiosa, pero además una visión política. Por ejemplo: la Iglesia hace su opción por los pobres y muchos curas laburan socialmente por ellos, pero políticamente no hay tantos. Pablo era igual que Carlos Mugica, eran tipos que si bien hacían esta opción por los pobres desde lo social también querían el cambio político”, cuenta Sandra Di Tomaso, integrante del grupo de laicos de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen.

Pablo se ordenó como sacerdote el 27 de noviembre de 1971 e inició su labor en la Parroquia Santa Rosa de Lima, en el barrio de Once. Madurada la opción por los pobres, que había comenzado a germinar en los últimos años de estudio en el Seminario de Villa Devoto, se vinculó con jóvenes que luchaban políticamente contra la dictadura militar de entonces. “Mis padres le decían: ‘Cuidado, el camino por donde vas es peligroso’. Era un momento complicado... El les contestaba que entendía que ése era el camino que tenía que seguir, porque ésa es la forma de creer en Dios”, señala su hermano Luis. En 1974 Pablo dejó Santa Rosa de Lima e inició su acción pastoral en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen. Crecientemente comprometido con la realidad política y social, se enroló en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo (MSTM) y en Cristianos para la Liberación (CPL). A partir del asesinato del Padre Carlos Mugica por la organización parapolicial de derecha Alianza Anticomunista Argentina (AAA), muchos laicos, monjas, sacerdotes y obispos comenzaron a ser amenazados y perseguidos por su lucha a favor de los pobres. Sin embargo, Pablo continuó con sus reuniones y debates en la parroquia, donde se reunían grupos de jóvenes y se proyectaban películas documentales.

El peor final

Tras el golpe militar de 1976, la persecución sobre los sacerdotes comprometidos fue abierta. Decenas de ellos fueron asesinados (los Padres Palotinos de San Patricio, Carlos Mugica, Enrique Angelelli) y muchos otros desaparecieron, que es decir lo mismo. “Pablo era muy conciente de que en cualquier momento lo ‘chupaban’ -afirma Luis-. Mis padres estaban asustados. El les había anticipado que a todo el que tenía un contacto con la guerrilla seguro que lo iban a liquidar”. Meses antes de ser secuestrado había resuelto incorporarse a La Fraternidad de los Hermanos del Evangelio. “Pablo ya había hecho una etapa de su vida y quería buscar una profundización religiosa en contacto con otra gente que también estaba en camino de búsqueda. Ya no estaba tan interesado en la cosa parroquial”, explica Patrick Rice, compañero de Pablo en La Fraternidad del Evangelio. El 27 de noviembre de 1976, quinto aniversario de su ordenación sacerdotal, Pablo estacionó el Ford Falcon de su padre frente al domicilio de la familia, en la calle Cachimayo 293, esquina Hualfin. Un grupo de hombres se lanzó sobre él, lo redujo e introdujo nuevamente en el auto. Partieron con el sacerdote secuestrado en el asiento trasero. Tenía sólo 32 años.

Pablo fue visto por última vez en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y, según el testimonio de uno de los sobrevivientes, habría sido arrojado desde un avión en un “vuelo de la muerte” en enero de 1977. “Para la Navidad del 76, mientras a un grupo de prisioneros nos atormentaba un capellán de la Armada sobre la necesidad de arrepentirnos y apoyar la cruzada contra el comunismo internacional, Pablo daba ánimo a los torturados para resistir y seguir luchando por los más pobres y humildes. Lo recuerdo tirado en el piso de la celda arriesgándose a hablar con quien tenía a su lado o incluso intercediendo ante la guardia para que le dieran agua o comida a alguno que no tenía voz o voluntad para pedirla. Una noche o un día cualquiera se lo llevaron y no lo vi ni sentí su presencia física nunca más. Me quedó sólo un ejemplo de dignidad y solidaridad, que alimenta hoy la esperanza por seguir resistiendo hasta que otro mundo sea posible”, cuenta Raúl Cubas, sobreviviente de la ESMA.

Emotivo homenaje

Altos dignatarios de la Iglesia, representantes de organismos de derechos humanos, dirigentes políticos, vecinos y familiares se unieron en el acto que la Legislatura porteña realizó en memoria del Padre Pablo Gazzarri al cumplirse 26 años de su desaparición forzada. En el homenaje, de fuerte contenido emotivo, estuvieron presentes, entre otros, el vicario general de la Arquidiócesis de Buenos Aires, monseñor Joaquín Sucunza, quien asistió en representación del cardenal Jorge Bergoglio; Patrick Rice, de La Fraternidad Charles de Foucauld; el Padre Domingo Bresci, párroco de San Juan El Precursor; Martha Pelloni, madre superiora de la Congregación Carmelitas Misioneras Teresianas; Aurora Zucco de Belloschio, integrante de Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora; y el diputado Luis García Conde (ARI), promotor de la iniciativa.

 “El silencio se impuso durante largos años, pero el grano de trigo tenía que brotar en algún momento, que es hoy, en este homenaje”, dijo conmovido Patrick Rice, quien aseguró que “el dolor no ha sido inútil: cristianos y sacerdotes valientes, como el Padre Pablo Gazzarri, son hoy en día ejemplos imprescindibles para convocar a la juventud argentina al verdadero compromiso con la justicia, la dignidad y la liberación del pueblo”. En el mismo sentido, Sandra Di Tomaso apeló a la “necesidad de hacernos cargo de nuestros muertos, retomando sus banderas: la generosidad, la paz y la solidaridad”. Antes de descubrir la placa en memoria del Padre Pablo, el diputado porteño Luis García Conde cerró la conmemoración, a la que definió como “un acto de memoria colectiva en favor de la paz y en la dirección de la reconstrucción del diálogo entre todos los sectores sociales y políticos”. Al finalizar el homenaje, monseñor Jorge Lozano, obispo auxiliar de Buenos Aires, y el Padre Boris Turel, párroco de Nuestra Señora del Carmen, oficiaron una misa en memoria del sacerdote.

El recuerdo del Padre Boris

El Padre Boris Turel, actual párroco de Nuestra Señora del Carmen, recuerda a Pablo Gazzarri. “Yo lo conocí a Pablito estando en la Parroquia Resurrección del Señor, de Dorrego y Corrientes, mientras que él era Vicario en la de San Bernardo, de Gurruchaga y Murillo. Yo recibía a algunos chicos allegados a él que tenían que mudarse a diario para preservar sus vidas, los tenía con otros nombres y apellidos. Era una forma de colaborar con Pablo. Lo recuerdo siempre contento... Yo llegué en 1977 a Villa Urquiza, cuando él y tres chicas de la Parroquia ya habían desaparecido. Fue una época muy difícil, en la que todos estábamos jugados”.

Agradecemos a Tesy de Biase, asesora del diputado Luis García Conde, por la colaboración facilitada para la producción de esta nota.

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