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Mosaicos porteños
Mosaicos porteños
Por Luis Alposta
luisalposta@fibertel.com.ar
Acerca de Adán y Eva y el tango “Desdén”
El poeta John Milton, en El paraíso perdido,
nos cuenta que Eva probó del fruto prohibido y buscó más
tarde, llorando, que Adán hiciese lo mismo. Aunque la belleza de Eva
lo embelesaba, Adán luchó durante tres horas contra la tentación
de comer y hacerse igual a ella; mientras tanto, tenía la manzana en
la mano. Por fin dijo: “Eva, prefiero morir a sobrevivirte”. Hasta aquí,
lo dicho por Milton.
Y, agrego, de haber existido entonces el tango Desdén,
de Gardel y Battistella, Adán no hubiese dejado de recordar
estos versos:
“Sin embargo ante el Eterno
será el mismo mi desdén...
En mi amor profundo y tierno
por seguirte hasta el infierno
¡yo despreciaré el Edén!”.
Y Dios castigó a Eva por haber causado la Caída
del Hombre.
Y los mitógrafos también aportaron lo suyo,
haciendo que se formara de una costilla de Adán, anécdota que
se basa, al parecer, en la palabra hebrea tsela, que significa “costilla”
y también “infortunio”. ¡Y vaya si lo fue!
Una vez expulsados del Paraíso, Adán, “aullando
entre relámpagos, perdido en la tormenta de su noche interminable” (como
diría Discépolo), rogó el perdón de Dios
e hizo penitencia en un caudaloso río durante siete semanas. Y aquí,
una vez más, nuestro primer padre bien pudo habérsele anticipado
a Battistella con estas palabras:
“Puede ser que el Dios piadoso
quiera darme su perdón”.
Acerca del óxido de zinc
El óxido de zinc, en forma de polvo o ungüento,
es utilizado tradicionalmente en medicina por su acción protectora en
determinadas afecciones de la piel. Cubriendo la superficie cutánea inflamada
o lesionada forma una capa que impide la irritación por fricción.
Cuando existen excoriaciones y secreciones, esta sustancia, por su poder absorbente,
posee efectos secantes y, en cierta medida, actúa también como
antiséptico y antiinflamatorio. En odontología, combinado con
el eugenol (sustancia esta responsable del proverbial olor a consultorio de
dentista), forma una pasta que es la que se utiliza como material de obturación
provisorio en el tratamiento de las caries.
El óxido de zinc, preferentemente en forma de ungüento,
ya en la antigüedad era utilizado por los médicos árabes
y se lo conocía con el nombre de atutía, que, tempranamente,
pasó a formar parte de la medicina occidental. Atutía devino luego
en tutía, y el dicho popular no hay tutía, queriendo significar
que se trata de una aclaración o apelación imposible; algo sin
ninguna otra posibilidad, con que se da a entender a uno que no debe tener esperanzas
de conseguir lo que desea o de evitar lo que teme. Proviene de la expresión
original no hay atutía, la que hacía alusión
a la imposibilidad de curar alguna enfermedad.
Por lo tanto, esta expresión no hace referencia alguna
a las hermanas de nuestros padres. Y en esto no hay tutía.
Acerca del primer cantor de tangos
Gardel, no sin miedo, cantó por primera vez Mi
noche triste, el recordado tango de Castriota y Contursi,
e inventó para siempre la forma de cantar el tango. Un nuevo estilo en
el canto y en la expresión. Y aunque el primer paso fue dado por los
autores, lo trascendente y mágico fue que en aquella experiencia fundamental
tanto ellos como el cantor coincidieron en originalidad y talento. Atrás
quedaban, sin adornos vocales, los estilos y las payadas para darle lugar al
canto quejumbroso, sentimental y hondo que la nueva creación exigía.
Pero Gardel no fue sólo voz. Fijó también
un nuevo tipo de cantor, pasando a ser, esencialmente, el creador del cantor
de tangos. Ese personaje que nos emociona al relatarnos el argumento de una
letra, en la que muchas veces nos resume un drama o una pequeña novela
existencial, sin necesitar para eso más que un par de minutos. La figura
gauchesca y campechana del payador y del estilista fue con Carlos Gardel que
le cedió el paso a la pinta ciudadana.
Esa pinta estilizada y cuidada que hizo del cantor de tangos
a alguien que se personaliza a través del personaje que interpreta y
generalmente lo trasciende. Por eso es que Gardel alzó su voz y bajó
de peso. Canto y pinta en armónica simbiosis.
En síntesis: dedicación, “ángel” y profesionalismo
puestos a elevar el valor artístico del tango cantado.
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